El
gobierno cumple dos años de difícil gestión, sobre
todo teniendo en cuenta la situación heredada después
de medio siglo de desencuentros, amores y traiciones entre el pueblo
y sus gobernantes.
Sólo
dos años de gobierno
Dr. Jorge
A. Esteban y Ribas
Un balance, para ser tal, debe
contener todos los ítems del debe y el haber que representan
el movimiento más explícito posible de la empresa en un
período determinado.
Vamos a tratar de resumir la lectura que haría un inversor para
ver si compra o no acciones de esta empresa llamada Argentina.
Si miramos los números de la economía,
seguramente nuestro inversor sentirá que su corazón palpita
aceleradamente.
La primera hojeada de los números
económicos le puede resultar espectacular, sobre todo viendo
que estamos creciendo al más del 8% anual del PBI, números
espectaculares que nos igualan en crecimiento a potencias en desarrollo
como China e India.
Si continuamos por el desempeño fiscal, no creo recordar alguna
otra época en que el superávit de tesorería fuera
siquiera parecido al que estamos viendo en estos años, y que
nos permiten adelantarnos varios meses al cumplimiento de los acuerdos
internacionales.
En este punto somos libres para pensar cuántas obras se podrían
hacer en los próximos años si no tuviéramos que
pagar los platos rotos de los gobiernos anteriores.
Para qué sirvió la deuda tomada a manos llenas, con la
que se compró conciencias, y voluntades y se entregó patrimonio
a precios irrisorios y siempre con un solo perjudicado, el pueblo.
El comercio exterior marca una superación digna de encomio, y
aunque todavía en pañales, va generando una conciencia
exportadora que debe ser apuntalada desde el gobierno para darle continuidad
en el tiempo y expansión en el espacio.
En este punto sólo haré un pequeño comentario,
sería necesario que se regularan los niveles de retenciones a
las exportaciones, procurando mediante estos instrumentos económicos,
diversificar la producción y evitar el deterioro de los suelos.
Se deberían aumentar las retenciones
a las exportaciones de commodities como la soja que degradan el suelo
pero tienen un precio tan tentador que impiden pensar, y aliviar las
mismas a siembras necesarias para su mejor producción, las que
no son interesantes desde el punto de vista de su precio pero si lo
son para rotar las cosechas, como el maiz y el sorgo.
El crédito empresario y
el hipotecario de vivienda se ha comenzado a regenerar y está
apareciendo tímidamente; el problema es que la cantidad de personas
o empresas en condiciones de solicitar un crédito es muy reducida
en función de los heridos que dejó la crisis pasada.
Aquí sólo mencionaremos la necesidad de que el Banco Central
tome cartas en el asunto, obligando a los bancos a declarar como fecha
de deuda de la mora a individuos y empresas, el momento en que fue contraída,
para que a los dos años, en caso de ser pagada o cinco años
en casos de no serlo, sea eliminada de las bases de datos de las empresas
de verificación crediticia.
Los bancos recargan las deudas todos los meses en Veraz, a través
del Veraz Bureau, y de aquí lo toman también las demás
empresas, de forma tal que las entidades financieras burlan la ley de
Habeas Data y mantienen a los morosos, más allá de la
duración de cualquier juicio, en una situación de mora
permanente.
Respecto a la industria, el crecimiento a índices de dos dígitos
altos, nos permite pensar en un futuro que si bien es el soñado,
presenta desafíos que ciertamente no será fácil
resolver.
A la falta de energía se debe sumar la política seguida
durante varios lustros de destrucción sistemática de toda
forma de capacitación, lo que nos priva ahora que la necesitamos
de contar con una mano de obra especializada que argentina tenía
y de la cual nos sentíamos orgullosos hace apenas 50 años
atrás.
Desaparecieron las escuelas fábrica, los talleres de oficios,
las escuelas técnicas y reducidas a su mínima expresión
las escuelas industriales.
Esta política de destrucción de nuestra industria que
comenzó a tomar impulso desde el ministerio de José Alfredo
Martínez de Hoz y tuvo su mas dura y categórica concreción
durante la década menemista, dejó a la Nación al
borde de la dependencia total y permanente.
Alienta nuestro pensamiento que Siderar, Aluar y algunas otras industrias
básicas estén en manos nacionales y rápidamente
hayan reaccionado ante la necesidad de insumos básicos, desarrollando
en el corto plazo una cantidad de inversiones que van a permitir la
rápida expansión de las industrias dependientes, como
la automotriz y la construcción.
La posibilidad de poder bajar la desocupación rápidamente,
la reestructuración de la deuda externa e interna, el acuerdo
con los organismos internacionales de crédito y la mejora de
nuestra imagen en el mundo, en los dos primeros años de gobierno,
son excelentes noticias de muestran un grado amplio de aciertos gubernamentales.
Algunos hechos que nos parecen negativos como la impunidad piquetera,
la sobreprotección a la extrema izquierda, una política
de seguridad demasiado laxa, una menor confrontación generalizada
a nivel internacional, una más profesional instrumentación
de los sistemas sociales de asistencia y la incitación al mejoramiento
de la calidad y la producción del Congreso y la Justicia, son
variables que deberán tener su justa adecuación seguramente
en la segunda mitad del períodos constitucional, más allá
de los resultados electorales de Octubre.
Yo estoy seguro que nuestro inversor del comienzo del artículo,
a esta altura, y computando el débe y el haber del balance, no
dudará de comprar algunas acciones de esta compañía,
aún teniendo en cuenta que la empresa recién se está
consolidando en el mercado y que van a ser necesarios algunos ajustes
en su estructura profesional y en sus mandos intermedios para lograr
el mejor nivel de actividad empresaria.
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