De
las últimas doctrinas internacionales pareciera que se han llegado
a justificar las muertes producidas por las bandas terroristas y a agravar
la connotación de las muertes producidas desde el Estado, se
habla de terrorismo de Estado. Para mi es tan criminal el que mata con
uniforme o sin uniforme.
Del
terrorismo de Estado al terrorismo privado
Blas
Bante
Leyendo
uno de los últimos artículos de Joaquín Morales
Solá, me llamó la atención un párrafo que
transcribo a continuación y que demuestra con meridiana claridad
el pensamiento de su autor, que no comparto, pero que considero uno
de los mejores y más informados periodistas del momento.
Dice textualmente “Tras la restauración de la democracia,
la política argentina no ha podido hacer un balance objetivo
de lo que sucedió en los años 70, que incluyera también
la irrupción de la insurgencia armada frente a gobiernos elegidos.
No se trata
de equiparar las responsabilidades; el Estado tiene siempre la obligación
de respetar la ley. Tal obligación no la tenían los grupos
subversivos y eso era, en última instancia, lo que diferenciaba
a unos de otros.”
Con muy pocas horas de diferencia, en el mismo diario “La Nación”
de Buenos Aires, Adrián Ventura, en lo que pareciera una respuesta
a Morales Solá, concluye su comentario sobre el fallo de la Corte
Suprema que declaró inconstitucionales las leyes de indulto a
los crímenes de “lesa humanidad”, dictadas durante
los gobiernos de Alfonsín y Menem, con el siguiente párrafo
“Basta con recordar que los ataques contra las Torres Gemelas
o la estación de Atocha fueron cometidos por células terroristas
que no pertenecían al Estado y segaron miles de vidas, para advertir
que los terroristas deben merecer igual castigo que las autoridades
que abusan del poder.
En los
países centrales se persigue a los criminales, sean funcionarios
o ETA o cualquier grupo terrorista. Nadie debe quedar al margen de la
justicia”.
De Morales Solá no entiendo esto de que el Estado tenía
obligación de respetar la ley, mientras que los subversivos no
la tenían. Me parece que la poco feliz frase, ha sido un desliz
producto de la vorágine literaria y debe haber pasado inadvertida
en el repaso final.
Tanto el Estado como los grupos subversivos, cualquiera sea su ideología,
están formados por hombres y todos los hombres son regidos por
las mismas leyes, la Constitución Nacional y las leyes que en
su consecuencia se dicten.
No existe ninguna ley que juzgue a los hombres por pertenecer al Estado
o por pertenecer a una banda terrorista. Cada uno es dueño de
hacer lo que quiera con su vida, lo que se juzga son resultados concretos
producidos en consecuencia de la actividad que desempeñan.
Lo que es punible es el acto concreto de matar a otra persona, sin importar
que uniforme tiene o que causa abraza para cometer el crimen.
Es que no hay dos clases de hombres, los que juran como funcionarios
del Estado o los que juran como integrantes de una célula terrorista.
Pareciera que para Morales Solá, matar desde el Estado es más
criticable que matar desde el terrorismo.
Yo creo que tanto unos como otros son asesinos y como tal deben ser
juzgados. Así los que mataron asaltando cuarteles como los que
mataron en virtud de ideologías de izquierda o de derecha, son
nada más que asesinos.
Ninguna justificación es aceptable, ninguna muerte es justificable
y es tan asesino Ben Laden como George Bush.
En la Argentina seguimos viviendo al compás del péndulo,
a un gobierno de derecha que cree que puede arrogarse el derecho de
eliminar a quienes piensan distinto, le sigue uno de izquierda que sólo
habla de derechos humanos para aquellos amigos o compañeros de
ruta, mientras que la gran mayoría de los argentinos queremos
vivir y trabajar en paz, crecer, estudiar y formar una familia.
Así de simple, así de sencillo.
Esto me recuerda mis épocas de facultad cuando un pequeño
pero muy activo grupo de derecha llamado “el sindicato”,
cuyo origen ideológico era católico nacionalista proveniente
de “tacuara” y UCN (Unión Cívica Nacionalista),
vivía peleándose a tiros con otro grupo, algo más
numeroso, cuyos miembros abrevaban en FUA y FUBA agrupaciones anticlericales
y de izquierda, mientras en el medio, la inmensa mayoría de los
estudiante queríamos ir a la facultad a estudiar y recibirnos.
Para nosotros la facultad era una herramienta para lograr una posición
en la vida. Para estos grupos la facultad era y aún lo sigue
siendo para algunos, el lugar común en el que desarrollan sus
vidas.
Para nosotros la facultad era un paso, para los activistas la facultad
es el lugar para hacer carrera.
Coincido plenamente con Adrián Ventura, aquel que mata es un
criminal y nadie, sea cual sea la excusa que tenga debe quedar al margen
de la justicia.
Si el que mata es un General de la Nación o un ministro de la
Corte Suprema, es tan criminal como el chico de la villa que te mata
para robarle 50 pesos a un taxista; las leyes de cualquier parte del
mundo dicen lo mismo.
Luego se verán los atenuante o agravantes de cada caso en particular
para disminuir o agravar la pena, pero todos son punibles por igual.
Todos son delincuentes.
Si no aprendemos a respetar la ley jamás podremos ser un país
en serio.
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