TODAVÍA RECUERDO A AMALITA EN SU POSTURA DISTENDIDA Y SI SE QUIERE SENSUAL, CUANDO NOS ATENDÍA EN SU PEQUEÑO PERO COQUETO DESPACHO PRIVADO EN EL VIEJO EDIFICIO DE DIAGONAL NORTE. Amalita vendió Loma Negra pero.. ¿compró un mito? Dr. Jorge A. Esteban y Ribas Quienes tuvimos el gusto y placer de conocerla en actividades si se quiere alejadas de los negocios, aunque no tanto, como es la política, recordamos a Amalita con un enorme cariño. Todo en su vida se centraba en una sola palabra:actividad. Una actitud permanente que siempre sustentó su vida y que aún hoy , físicamente más débil que cuando la conocí, hace que su vida y sus decisiones sean siempre referencia y centro de atención de los medios del país y del exterior. Yo puedo hablar de la Amalita de fines de los 80, en plena tarea de reestructuración de Loma Negra y tratando de descifrar los tiempos de la década del 90 que se acercaban como un tren fantasma, lleno de sombras y dudas no sólo para Amalia sino para la mayoría de los grandes empresarios de la época entre quienes Techint era una de las empresas referentes de Amalita. Su idea pasaba por desentrañar la línea política que vendría luego del gobierno radical de Alfonsín. Realmente nunca pude saber su idea política. Nosotros le explicábamos qué pensábamos hacer si accedíamos al gobierno desde el peronismo, y ella asentía, pero manteniendo distancia. Por esos tiempo invitamos a Amalia a participar de nuestras internas de Capital Federal, llevándola como futura candidata a Intendente de Buenos Aires, cargo que creo que no le disgustó para nada y que personalmente pienso que le hubiera dado grandes satisfacciones a nuestra ciudad. Su rechazo por ser una disputa menor, y la coincidente versión, por esos tiempos de que si ganaba Menem le propondrían ser Ministro de Acción Social, fue totalmente lógica y mirada a la distancia, la única que correspondía. También recuerdo dos objetivos que tenía muy presentes por ese tiempo y que eran su Fundación, por ese entonces con algunos problemas edilicios para su habilitación y sus campos, que iluminaban su mirada mucho más que cualquier propuesta de negocios para su empresa. La coherencia de su pensamiento la llevó aceptar la presidencia del Fondo Nacional de la Artes que le ofreció Menem al final de su mandato y cuya tarea al frente de esta estructura será recordada por los de adentro y los de afuera como una de las más fructíferas en la historia de la Institución. Pero la luminosidad de su rostro era más apreciable cuando hablaba de sus campos. Seguramente si Amalia tenía que elegir entre su empresa y sus campos, ella siempre hubiera elegido sus campos, tal como acaba de hacer. Pese a que Amalia llevó a expertos profesionales a la Dirección de Loma Negra, no pudo superar los distintos momentos de crisis que vivió el país y su industria, tan ligada a la construcción que fue quién más sufrió esas crisis que oscurecieron la vida de los argentinos. Amalia Lacroze de Fortabat, con problemas familiares y deudas de su empresa que ella no podía hacer frente, decidió vender Loma Negra y continuar la acción social que desde hace muchos años era su afición y de la que todo un pueblo como Olavarría y los miles de empleados de su empresa pueden dar conmovedora fe. Junto con la venta de Loma Negra, anunció que privilegiaría su Fundación y el Museo Fortabat, que alberga una muy importante colección de pinturas que estaba siendo sangrada con las deudas de su empresa y también se dedicará con amor a sus campos, algunos de ellos insignia y modelo de desarrollo y producción agropecuaria. Amalia Lacroze de Fortabat vendió Loma Negra, pero lejos de esfumarse en el ostracismo de un escritorio, como le ha pasado a muchos grandes empresarios que vendieron sus naves insignias, seguramente será noticia positiva, como lo fue siempre y estará cada día más vigente, por que Amalita ya es, por cierto, un mito argentino.
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