Un escueto comunicado del Ministerio de Economía el Jueves 2 de junio daba cuenta que "la República Argentina ha concluído la fase última -operativa- de la reestructuración de la deuda".
A tres años y medio del anuncio del default, Argentina retoma la senda de la normalidad económica.

Y colorín colorado este cuento ha...

Dr. Jorge Alberto Esteban y Ribas

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Todo comenzó allá por Diciembre de 2001, cuando luego de producirse los graves incidentes que provocaron la huida sin retorno de Fernando De la Rúa, dejando acéfalo el Sillón de Rivadavia, el Presidente Interino Adolfo Rodríguez Saá, declaraba en el discurso inicial de su mandato ante los legisladores, que Argentina no pagaría sus deudas, dando comienzo así al default más grande de la historia.

A lo largo de estos tres años y medio ya transcurrido desde ese entonces ocurrieron distintos acontecimientos que pusieron de relieve la formidable capacidad de reacción que tiene nuestra nación, la inmensa riqueza potencial de su geografía y el talento individual de su pueblo.

Atrás quedaron la convertibilidad, sistema mediante el cual el peso argentino mantuvo la paridad de 1=1 con el dólar, durante una década; una deuda superior a los 150.000 millones de dólares, tomada alegremente para financiar los desfasajes del Estado, mediante un increíble festival de bonos, tuvo un único artífice: Domingo Cavallo, Ministro de Economía, que ya en épocas militares se había encargado de transformar las deudas privadas tomadas por las empresas en deudas públicas que debíamos pagar todos los argentinos, aunque ninguno de aquellos dólares hubiera pasado por nuestro bolsillo.

Pero no contento con destruir al país y comprometer a varias generaciones de argentinos que deberán pagar la deuda que nos dejó, Mingo también se encargó de hacer partícipes en el festival hasta los jubilados japoneses, italianos, alemanes y otros a quienes los Bancos de sus países les dijeron que el interés era muy bueno y Argentina jamás iba a dejar de pagar.

Los bancos cobraron sus comisiones que nunca devolvieron, y los jubilados recibirán ahora bonos por el 25% de lo que invirtieron para cobrar el capital, con buena suerte, dentro de 30 o 40 años. ¿Lo cobrarán?.

Pero como no hay mal que dure 100 años, Cavallo se fue, Menem se fue, De la Rúa se fue, Rodríguez Saá se fue, Duhalde se fue, todos se fueron, a otros países, a otros cargos, pero nadie se hizo cargo del muerto que dejaron. Los argentinos, como siempre, somos los únicos que finalmente pagamos los platos rotos.
Entre el lunes y martes de esta semana, los bonistas de argentina y de todo el mundo que aceptaron el canje propuesto por el Gobierno (el 76%) recibieron en sus cuentas bonos por valor de 35.200 millones de dólares y 680 millones de dólares de los dos primeros cupones de renta.

Queda todavía por resolver el 25% de los tenedores que no se presentaron al Canje o que iniciaron acciones judiciales en New York o en otros países.
Estos son los llamados holdouts entre los que se encuentran pequeños ahorristas caprichosos que no quisieron dar su brazo a torcer y muchos fondos “buitres” que compraron bonos a buenos precios y tienen sentencias firmes en New York.

Estos bonistas representan unos 20.000 millones de deuda nominal y seguramente el Gobierno, luego de las elecciones, establecerá un cronograma de comienzo de nuevas negociaciones, lo que podría ser puesto en marcha siempre que se obtenga consenso para la modificación de la ley que prohíbe al Gobierno hacer cualquier oferta a los acreedores que no entraron en el Canje.

Restan todavía algunos pasos que deberemos dar para normalizar definitivamente nuestra economía, como concluir el acuerdo con el FMI por los pagos de la deuda institucional, la terminación de la negociación de los contratos de servicios con las privatizadas y el acuerdo con los holdouts.

Mientras tanto se trata nada menos que de recuperar la industria, impulsar las exportaciones, elevar los niveles de capacitación y educación del pueblo, hacer inversiones en infraestructura, energía y desarrollo tecnológico, producir una fantástica redistribución de riquezas que permita recuperar a ese 50% de la población sumergido en condiciones de pobreza y miseria.

Menuda tarea que le toca al Gobierno y que nos hace pensar en si será “colorín colorado, este cuento recién ha… comenzado”.

 

© by Esteban y Ribas 2001/2005

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