Que Ignacio Lula Da Silva, Presidente de Brasil, es un tipo muy franco y campechano, no hay quien pueda dudarlo, que será dificil saber a ciencia cierta que quiso decir sobre los argentinos, también va a ser muy dificil, pero una cosa es cierta, que tanto argentinos como brasileños estamos empeñados en una competencia que comenzó con el Mercosur y dificilmente terminará en tiempos próximos. Las bolas de Lula (2da. parte) Blas Bante Argentina mantuvo siempre una suerte de indiferencia mentirosa hacia Brasil. En general mirábamos a los brasileros como un conjunto superior de voluntades, pero adoptábamos una imagen superficial de superioridad. Aparentando de nacionalistas, llegamos a admirar el "o mais grande do mundo", aunque con bastante disimulo y en cuanto pudimos zafarnos salimos corriendo al extranjero gritando el "deme dos" que nos hizo famosos en todo el mundo. Los campeonatos mundiales de fútbol ganados con Pelé nos dolían. Sólo a partir del 78 y luego con la mano de Dios pudimos comenzar a mirar el mapa de Brasil sin que se nos agrandara la úlcera. Luego con el MERCOSUR la historia ya es más reciente. Las rondas de negocios entre los funcionarios y los empresarios fueron poniendo menos distancia entre los dos países. El Mercosur y sus obligadas negociaciones extensas comenzaron a acercar posiciones, no sólo dentro del plano comercial sino también del institucional, del político. También la experiencia de un nuevo tipo de presidente confrontativo al extremo, pero a la vez seductor frente a las potencias y amigos, fue modificando las relaciones entre nuestras Naciones. Las cabezas se llevan bien, pero hay circunstancias objetivas que no pueden ser ocultadas ni tampoco minimizadas y que generan ahora y generarán en el futuro, conflictos y tensiones que se irán agravando en la medida en que Argentina continúe creciendo al ritmo actual. Brasil es hoy por hoy la 5ta. economía del mundo y el mundo desarrollado ya la está llamando a su mesa. Argentina apenas está tratando de terminar de salir del default producido por la mayor crisis de la historia. Evidentemente, la diferencia es abismal, tomemos como tomemos los muy buenos números de nuestra economía en los últimos dos años. Surgen entonces problemas de desequilibrio comercial producto de la desigual estructura productiva de ambos países. Brasil ha hecho un culto de la protección de sus industrias y de su desarrollo tecnológico, Argentina tiró por la borda importantes avances tecnológicos que le permitieron ser líder en muchas áreas 50 años atrás. Argentina ha igualado el nivel educativo de Brasil, pero no por el ascenso carioca sino por el descenso espectacular propio. Si comparamos el nivel educativo y de capacitación técnica de hace 50 años atrás con el actual solo podemos ponernos a llorar de tristeza. Es lamentable que teniendo herramientas como las computadoras y tecnología inalámbrica, gran parte de sus usuarios no sepan escribir una simple carta comercial o no sepan cuál es la capital de la Provincia del Chaco. Brasil está dedicando enormes recursos a encaminar hacia niveles educativos más altos a gran parte de su inmensa población y mantiene y acrecienta su oferta de capacitación técnica, lo que le permite continuar pensando en crecer ya que tiene disponible mano de obra capacitada para enfrentar cualquier expansión. Brasil quiere crecer, sus empresarios quieren crecer, su pueblo quiere crecer, su música habla de grandeza, su carnaval es único en el mundo. Frente a este panorama, nuestra única opción es apuntar al crecimiento sostenido y constante de nuestra economía y a mejorar su distribución, apuntar a un moderno y eficiente sistema educativo para disminuir la brecha social y proteger y elevar las clases más pobres de nuestra sociedad. Si logramos esto en la próxima década, Brasil y Argentina serán sin duda, los motores económicos que impulsen el progreso de toda la región.
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© by Esteban y Ribas 2001/2005 |
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